20 abril 2018

#BEERNES 66 – BEETHOVEN







El instituto Brahms, con sede en la ciudad alemana de Lübeck, ha notificado a la prensa la aparición de una carta manuscrita del compositor Ludwig van Beethoven fechada en el año 1823.

Según dicen, en dicha misiva se queja de sus problemas económicos. No es cierto. Nosotros hemos tenido acceso al texto original y, con la ayuda del traductor alemán-castellano de Google, hemos comprobado que la carta va dirigida a una tal Elisa y dice lo siguiente:

“Para Elisa:

Por la presente te comunico, querida amiga, que la composición que la semana pasada tuviste ocasión de escuchar en mi casa y cuya partitura robaste en un momento en que me ausenté para retocarme los rizos en el baño, dicha composición, digo, está dedicada a mi alumna Teresa, de la que estoy completamente enamorado, y no a ti, que eres un dechado de imperfecciones además de un cúmulo de despropósitos con miopía creciente.

No dudo de que, con tus influencias y tus malas artes, mi pequeña obra acabe siendo conocida con el título de ‘Para Elisa’. Pero, algún día, alguien inventará la Wikipedia y allí, querida, se contará toda la verdad. Espero que vivas para verlo, so marsupial. Mientras tanto, y para que se te pase el disgusto, puedes escuchar el Himno de la Alegría mismo, yo qué sé…

Afectuosamente, tu Ludwig”.


13 abril 2018

#BEERNES 65 – LA MALDICIÓN DE ROTHKO



Poco antes de la medianoche, el ciudadano Juan Francisco K. acudió a la comisaría de su barrio para hacer entrega a la policía del cuadro “Centro blanco” de Mark Rothko y confesar que lo había robado hacía unas horas. El declarante presentaba heridas en numerosas partes de su menudo cuerpo.

Interrogado tanto por su repentino arrepentimiento como por su lamentable aspecto, K. dijo que en el origen de todo aquel malentendido estaba su esposa, un ama de casa y madre de familia ejemplar pero con un enfermizo gusto estético por la Escuela de la Bauhaus.

Según su propia declaración, cuando llegó a casa y su mujer vio el cuadro, le gritó “¡Valiente mierda de Rothko! ¡Animal, te dije un Paul Klee!”, para acto seguido atizarle en la cabeza con una silla Breuer y terminar de rematarlo en el suelo con un sillón Walter Gropius, ambos, eso sí, adquiridos de manera legal y de los que podría mostrar las facturas correspondientes si fuera necesario.

“Pero, alma de cántaro”, le respondió el policía, “¿a quién se le ocurre? Si cualquier crío de cuatro años es capaz de concluir por sí mismo que un Rothko no es más que un Mondrian desteñido… Y aunque ambos beben de la fuente de Klee, se necesitan unas gafas bien oscuras para confundirlos…”

“Lo sé, señor agente”, reconoció el hombre haciéndose cada vez más pequeño tras el mostrador de la comisaría. “Pero mi vida es muy monótona. No hacemos más que vivir entre el expresionismo alemán y el constructivismo ruso, ahí, cada semana uno… Y eso mata a cualquiera…”

“Le entiendo, amigo. Sólo hay una solución para eso”, concluyó el policía. “¿Cuál?...” “Robe un Klimt para su señora”. “¿Que robe un Klimt?...” Sí, un Klimt, un Gustav Klimt… Ya sabe, simbolismo austriaco, mucho aire romántico y ornamento dorado, eso les encanta a todas…”

El hombre, que estaba empezando a recuperar su tamaño original, todavía pequeño pero el suyo original, siguió preguntando: “Ya sé quién es Klimt pero, ¿me está usted, un policía, incitando a que robe?...”

“Querido amigo, el error de muchos ladrones frente al público y la justicia está en no haber robado lo suficiente para disimular el robo… Y no lo digo yo, sino el prestigioso escritor italiano Carlo Dossi… Por lo demás, yo no soy policía. Estoy aquí esperando para denunciar a la FNAC. Les he pedido el último libro de George Orwell y me han intentado vender uno de 1984 ¡nada menos!...”

06 abril 2018

#BEERNES 64 - NOSTALGIA



Cuando entró en mi dormitorio pensó que yo ya estaba dormido. Comprobó que la persiana estaba entreabierta, como a mí me gustaba, para que por la mañana entrara la luz del día. Echó un vistazo a las paredes, forradas de corcho y de dibujos míos clavados con chinchetas, con una mirada bañada en la nostalgia. Me arropó, me besó en la frente y no me susurró “buenas noches” sino “gracias por todo”.
Después, sin hacer ruido, salió al pasillo, cerró tras de sí la puerta de la despensa y regresó al futuro. Allí sigue ahora, rememorando su viaje, sentado frente al ordenador y escribiendo una nueva página de su diario:
“He entrado en el que fue mi dormitorio, me he visto allí, con ocho años, en la cama, dormido…”

23 marzo 2018

#BEERNES 63 – GLOBOS



La Unión Europea ha aprobado una nueva directiva por la cual, entre otras cosas, los niños menores de ocho años no podrán inflar globos sin la supervisión de un adulto. De esta manera, llenarlos de agua y arrojarlos desde el balcón de un séptimo piso pierde toda su gracia.

Como niño menor de ocho años que en su día fui, quiero manifestar mi más absoluta repulsa contra esta restricción a nivel europeo. ¿Qué será lo próximo, señores dirigentes? Aquí les adjunto una serie de ideas, por si ven conveniente su aprobación:

Queda prohibido meter los pies en un charco sin la supervisión de un socorrista.

Queda prohibido levantarle la falda a las niñas sin la supervisión de un seminarista.

Queda prohibido fumar a escondidas en los lavabos del patio del colegio sin la supervisión de la ministra de Sanidad.

Queda prohibido tunear el taca-taca o el triciclo sin la supervisión de Forocoches.

Queda prohibido practicar la taxidermia con los abuelos paternos sin la supervisión de los abuelos maternos. Y viceversa.

Etc…